No es una tarea conocer una persona y sin embargo, debemos aprender que no todas las personas se dejan conocer de la misma manera. Habrá quien en silencio grite todo lo que trae dentro, y uno aprende a observar. Están las personas que no paran de hablar, de suspirar, de hacer ruiditos; que levantan la voz cuando algo los sorprende, los asusta o les causa mucha emoción y uno aprende a escuchar.
Cuando aprendemos a observar y a escuchar, nos damos cuenta que se puede sentir sin tocar, y que, cuando nuestro cuerpo palpa, aprieta o acaricia a otro ser, este, aprende que las texturas pueden ser completamente diferentes a los actos y/o sonidos que nos muestra la otra persona; una piel puede ser suave y contener un ser de lija; o alguien puede dejar apretarse en un abrazo largo y no dejar traspasar la barrera de metal que se ha puesto debajo; y entonces, es cuando uno aprende, con todo su ser; a sentir...